Pude decir que te quiero tantas veces como gotas caídas en la lluvia, pude haberte mirado así a los ojos... sin temor de sonrojarme sin razón. Y hoy cuando miro mis palabras tan vacías, desde el simple afán con que escribo... grito mil veces que te amo... ¿para qué?, ya es demasiado tarde. Pude cortar desde el cielo profundo una estrella para iluminarte o convertir tus sueños olvidados en arcosiris o destellos de sol. Pero yo te observaba con angustia y un latido opresor martirizaba mis sentidos... pude decirte tantas cosas que si acaso Dios las imagina, ¿De qué sirve ahora?...es tarde...muy tarde.